Adicción a las pantallas
¿Cuándo se vuelve problemático el uso de pantallas?
Las tabletas, móviles, ordenadores y videojuegos sirven para aprender, comunicarse y divertirse. El problema aparece cuando resulta muy difícil dejar de usarlos y empiezan a desplazar actividades importantes de la vida diaria.
Pasar mucho tiempo delante de una pantalla no significa automáticamente tener una adicción. Para hablar de un trastorno, un profesional debe valorar la pérdida de control y el perjuicio importante y mantenido en la vida personal, familiar, social o escolar.

Señales de alerta
- Enfadarse o irritarse mucho cuando no se puede usar el dispositivo.
- Dejar de interesarse por juegos, deporte, amistades u otras actividades.
- Perder horas de sueño o utilizar pantallas durante las comidas y tareas.
- Descuidar responsabilidades o continuar a pesar de consecuencias negativas.
- Intentar reducir el uso repetidamente y no conseguirlo.
Posibles consecuencias
- Cansancio, falta de sueño y dificultad para concentrarse.
- Molestias oculares y dolor de cabeza.
- Dolor de cuello o espalda por mantener una mala postura.
- Menos movimiento y menos tiempo para convivir, jugar y aprender.

Hábitos digitales saludables
El objetivo no es eliminar todas las pantallas, sino utilizarlas de forma equilibrada y adecuada para la edad:
- Acordar horarios, espacios y límites claros en familia.
- Guardar los dispositivos durante las comidas, tareas y conversaciones.
- Apagar las pantallas antes de dormir y dejarlas fuera del dormitorio.
- Hacer pausas, moverse y mirar a lo lejos con regularidad.
- Reservar tiempo para jugar, leer, practicar deporte y estar con otras personas.
- Elegir contenidos adecuados y contar con la orientación de un adulto.

Si el uso de pantallas provoca conflictos constantes o perjudica el sueño, el colegio, las relaciones o el bienestar, conviene hablar con el pediatra o con un profesional de salud mental.